viernes, 4 de octubre de 2013


El patetismo heroico
















































 
Qué le pasa a usted Mr. Hipo? Hip!.

Ese hipo no lo puede curar.

Hace tiempo que empezó ese hipo. Hip!.

Lo tenía antes de nacer


Cuando iba a la escuela

Más tarde en la colimba…

También bajo la lluvia

Y en un jardín florido…


Mr Hipo siempre con su hipo (Hip)

Hipo (Hip)

Hipo (Hip)

Hipo (Hip)


No quiero pecar de exagerada pero tener hipo cuando uno es adulto es una verdadera tragedia. Cuando los niños emiten ese divertido sonido, los mayores se lo festejan; pero cuando uno crece y deja de tener a esos seres humanos que lo miran con ternura, sufre la llamada discriminación a causa de la vergüenza ajena. Aclaración: tener hipo no es lo mismo que tirarse un eructo o dejar escapar un pedo. ¿Por qué los seres humanos miran mal a una persona que sufre espasmos involuntarios en su diafragma? Y, de hecho, ¿por qué se empecinan persistentemente con quitártelo: “¡Levantá los brazos!”. “¡No respires por un minuto!”. “¡Tomá mucha agua!. ¡Y sin respirar!”. Y si quiero vivir mi vida entera con mi melódico y simpático hipo como Mr Hipo, ¿cuál es el problema?

Mr. Hipo fue creado en 1983 por el estudio italiano Italtoons Corporation bajo la dirección de Guido Manuli. No era una serie sino un conjunto de cortometrajes de cinco minutos que emitían entre programa y programa en ese canal infantil tan noventoso conocido como The Big Channel. A pesar de que Mr Hipo llegó a tener 39 episodios, el canal siempre repetía los mismos cinco. No obstante, uno nunca perdía la esperanza y cada vez que escuchaba la pegajosa cortina musical, corría al televisor, esperando ver un capítulo inédito como nos sigue sucediendo con El Chavo del 8. Mi amor por Mr Hipo era tan inmenso que me quedaba pegada a la caja boba prediciendo lo que viviría. Igualmente debemos reconocer que la idea no es para nada original; la construcción del personaje y la estética del dibujo tienen claras influencias del estudio UPA, creador de Mr. Magoo. El legado es palpable: un protagonista raro, distinto a los demás, padeciendo una limitación física que lo obliga a sufrir distintas situaciones catastróficas que siempre finalizarán con un final feliz. El acento está puesto en el slapstick, el humor es puramente físico porque los cortometrajes son mudos. Su apariencia se alejaba a años luz de un galán de telenovela colombiana. Petiso y de nariz prominente, con una piel tan blanca que resucitaba nuestra trauma a los mimos. Lucía un sombrero de copetín y vestía una camisa rosada -ahorcada por una corbata rayada- que rozaba el piso, ocultando sus desconocidos pies. La estructura de la serie era simple pero efectiva: Mr. Hipo sufría hipo crónico y esta limitación provocaba que se involucre en distintos conflictos, alterando el orden y generando caos debido a la falta de control sobre su propio cuerpo. Con cada espasmo involuntario que sufría su diafragma, Mr Hipo saltaba a lo alto y a lo largo, una longitud considerable. Finalmente, el resorte invisible que tenía en sus pies y lo hacía desplazarse de un lado a otro, lograba convertirlo en un héroe, rescatando –sin intención alguna- el globo atascado de un niño, un gato panicoso de un árbol o una frágil y dependiente señora de la cuarta edad.

Lo interesante es que jamás se justificaba la razón del hipo del personaje, era un mal que lo aquejaba desde su primer hogar –el vientre materno-, y lo acompañaría hasta su vejez sin solución posible. Mr. Hipo no es el único que sufre de hipo persistente, este mal le afecta a uno un individuo de cada 100.000, como síntoma de otra enfermedad más grave. El record máximo –después de Mr. Hipo, claro- lo tiene Charles Osborne (1894-1991), quien sufrió hipo durante 68 años entre 1922 y 1990. El episodio de Mr. Hipo concluía siempre de la misma manera, con la puesta en escena de un mito –cada capítulo exponía uno distinto- popular que ilustraba cómo quitarle el hipo a un ser humano. Y como en la vida real, ninguno era funcional al problema, condenando a Mr. Hipo a sufrir un hipo eterno. Tapemos nuestros malos pensamientos con un pequeño sombrero color caca, atemos una corbata rayada a nuestro cuello y homenajeemos a Mr Hipo recitando con amplificador el hermoso sonido que produce la epilepsia del diafragma.

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