miércoles, 28 de mayo de 2014

 
 Mi objetivo matutino de hoy era escanear algunos dibujos en una gráfica cercana a mi hogar. Salí de casa un poco dormida, con mi mochila de Jem and the Hollograms repleta de objetos innecesarios y una carpeta tamaño oficio que albergaba varios dibujos míos. No sé si será porque estoy enamorada,o, por ese maldito defecto de distraerme con perros que tienen la cola peluda, pero a las diez cuadras descubrí que había perdido en algún sitio desconocido a mi carpeta rellena de dibujos. Entre la desesperación y la autocrítica, recordé cuando mis padres, a mis seis años, me mandaban a una psicólogga que secuestraba mis dibujos. La odiaba tanto, tanto, que le pregunté al padre de una compañerita si le podía hacer juicio por robo; me dijo que no. Por suerte, o, tal vez, en consecuencia a mis escándalos infantiles, a las pocas semanas recuperé esos dibujos que tanto extrañaba y quería. La carpeta oficio con el contenido tan preciado también la recuperé; estaba refugiada en las manos de la empleada de la lavandería. Cuando llegué sin aliento al negocio, ella me dijo: "muy lindos dibujos. El que más me gusta es el de la nena con el conejo grande". En honor a la señora que cuida de mi ropa y, ahora también, de mis obras, comparto este dibujo. Buen día para todos.